‘Teatro por la paz’ se mueve en Buenaventura

Entrevista por: RNDP y PODION 

Norma Rivera, directora del proyecto, habla del trabajo realizado en la ciudad vallecaucana Como una nicaragüense alemana y colombiana se define a sí misma Norma Rivera Salazar, quien llegó al país en marzo del año 2009 para vincularse a Teatro por la paz en el Pacífico nariñense. El proyecto nació gracias a una solicitud del entonces obispo de Tumaco, Gustavo Girón Higuita, con la idea de que la estrategia ayudase a la comunidad a mitigar la violencia y el dolor en su territorio, cuando el conflicto armado era más agudo.

¿Cómo fue trabajar en esas circunstancias? “Había silencio”, recuerda Norma. “Monseñor Girón decía que con el teatro se podía hacer la foto de lo que eran los informes sobre violación a derechos humanos en la región; según contaba, había gente que escondía dichos documentos o los tiraba al mar porque le daba temor tenerlos”. Al inicio ella misma tenía miedo; igual que la gente; miedo de actuar y de crear una primera obra. “Sin embargo, ese trabajo permitió sanar y transformar el dolor en energía, en arte y en denuncia”, afirma. “Era importante que se hiciera este proceso desde la Iglesia”.

Impulsado por la diócesis local y el Servicio Civil para la Paz de la Asociación de Cooperación para el Desarrollo (AGEH), de Alemania, el proyecto promueve aún hoy la conformación de grupos parroquiales teatrales integrados por personas de todas las edades. Sus montajes y trabajos se basan en las problemáticas sociales que han sufrido las comunidades afro del Pacífico a causa del conflicto armado.

Hace dos años, Norma se trasladó a Buenaventura por diversas circunstancias de seguridad. En la ciudad vallecaucana dirige actualmente una nueva experiencia de Teatro por la Paz. El trabajo se desarrolla de forma mancomunada con la pastoral social, que, dedicadamente, trabaja por la memoria, la reconciliación y la paz, con el objetivo de promover, a través de esta herramienta, la sanación y la liberación.

Para la comunidad afrocolombiana el trabajo comunitario es de gran importancia de cara a poder contar, por medio del cuerpo, lo vivido en el conflicto armado. Semanas atrás, en el marco del foro La movilización social en Buenaventura: resultados y avances del paro en la región del Pacífico, organizado por la Red Nacional en Democracia y Paz, Teatro por la Paz presentó su obra Cuentos de platón, una construcción colectiva.

¿Cómo trabaja Teatro por la Paz en Buenaventura?

Abordamos la memoria ancestral y la memoria de las víctimas desde una perspectiva de transformación y como una forma de resistencia a lo impuesto por la guerra. Trabajamos situaciones que han sufrido los habitantes de la Costa Pacífica como la violencia, el maltrato, la violación a sus derechos, la pérdida de identidad cultural y la explotación de sus recursos naturales.

En Buenaventura el teatro ha sido más fácil que en Tumaco. La comunidad ya venía trabajando el tema de la memoria; se había organizado para generar una marcha bajo el lema “Enterramos la violencia” y tenía un proceso de resistencia y de denuncia.

Así que aquí no fue difícil el desarrollo de Teatro por la Paz. Lo único distinto fue que integramos un solo grupo de jóvenes, gente de parroquias, mujeres, hombres, niños, niñas. La tarea en Buenaventura era consolidar un grupo de multiplicadores con alrededor de veinte personas, a diferencia de Tumaco, donde se tenían cuarenta integrantes.

¿Cómo desarrollan los libretos? ¿Quién los escribe?

Las obras de Teatro por la Paz son creaciones colectivas; la recopilación de las historias se hace  por medio de los mismos participantes, que tienen la labor de llevar a las clases las anécdotas propias, las de sus abuelos, las de sus padres, las de sus vecinos o las de sus amigos: son testimonios donde se cuenta el conflicto desde una misma dimensión, debido a que han vivido sucesos similares: desplazamientos, torturas, muertes de familiares, etc.

La persona que escribe las historias finales es una joven llamada Tatiana Carolina Angulo, quien describe el proceso como un parto. Después de siete meses comienza el montaje de la obra.

¿Cómo sirve el teatro para recomponer el tejido social y construir paz en la región?

La gente no confía en su vecino, ni en el que está a su lado. A través de esta herramienta, queremos recuperar no solo el tejido social sino todas las costumbres culturales y los saberes ancestrales perdidos, como los velorios, las fiestas y los encuentros que las comunidades afro estaban acostumbradas a realizar. Nos enfocamos en sensibilizar a la comunidad sobre lo que pasa o ha pasado en la ciudad con el conflicto armado.

¿Qué importancia dan al diálogo intergeneracional?

Es imprescindible para la memoria, que debe transmitirse de generación en generación. Aquí trabajamos desde la edad de nueve años (que tiene nuestra integrante más pequeña) hasta edades mayores. Lo importante es el conocimiento, el intercambio, el transmitir la oralidad y los saberes. Teatro por la Paz es un proceso de formación, desde lo intergeneracional e intercultural.

¿Cuál es su deseo en relación con Teatro por la Paz?

Que ellos realicen sus sueños, porque dicen que a través del teatro se han dado cuenta de que tienen aspiraciones y de son personas libres, con dignidad; que sepan quiénes son y que de ellos es Buenaventura.