Las elecciones y la fragilidad de la democracia

Tendremos probablemente un Congreso con algún grado de autonomía frente al ejecutivo, y esto será una experiencia nueva, porque al menos en la composición del Senado, se expresen de manera equilibrada diferentes tendencias políticas, ninguna tendencia supera el 20%, y por tanto tendrán que construirse acuerdos para adelantar la tarea legislativa.

Las emotividades que generan los procesos electorales favorecen la proliferación de análisis de los resultados como si se tratara de un concurso incluso, como si fuera un juego de ganadores y perdedores. Pocos se detienen a revisar si las elecciones consolidan o debilitan el sistema democrático, si avanzamos o por el contrario retrocedimos en materia de garantía de los derechos políticos. Una primera aproximación nos hace pensar que el pasado 11 de marzo dimos algunos pasos en la dirección a fortalecer el sistema democrático, pero que el camino que tenemos por delante es largo y tendremos que transformarnos como sociedad y nuestras instituciones para recorrerlo.

Generan mucha ilusión los 3 millones de nuevos votantes, que hicieron crecer en 5% la participación electoral, sin embargo, todavía tenemos cifras muy altas en abstención, el 51% de los habilitados para votar no lo hicieron, 18 millones de personas no participan y no se representan en el Congreso. Es una buena noticia para la democracia que la participación en las elecciones legislativas esté aumentando, muchos de estos nuevos votantes seguramente son jóvenes que están ingresando a la ciudadanía política en este agitado pero valiosísimo momento de transición hacia la paz, pero el reto que tenemos es encontrar formas que nos permitan conectar a esa ciudadanía que no encuentra espacios en la participación política electoral.

Es también un buen síntoma que se redujera la cantidad de votos no marcados y nulos para el Senado. En estas elecciones los votos nulos lograron una disminución del 4,02% en comparación con las elecciones de 2014, se logró romper con un promedio del rondaba el 10,7% desde las elecciones de 2006 y los tarjetones no marcados lograron una disminución del 1% en comparación con las elecciones de 2014. Estos avances pueden ser porque en estas elecciones estuvieron disponibles una gran cantidad de dispositivos y herramientas digitales para encontrar candidatos de acuerdo con su perfil político, para develar sus conexiones políticas, para identificar sus principales posturas, e incluso para conocer las investigaciones y condenas. Este es un camino que nos podría ayudar a conseguir que con otros lenguajes y otras pedagogías logremos aumentar más la participación consciente informada, principalmente porque sigue siendo preocupante que los votos nulos y no marcados para Senado sumen 2.008.577 votos, con los que se eligieran 15 senadores, consecuencia de la ausencia de una sostenida y robusta estrategia de pedagogía electoral.

Tendremos probablemente un Congreso con algún grado de autonomía frente al ejecutivo, y esto será una experiencia nueva, porque al menos en la composición del Senado, se expresen de manera equilibrada diferentes tendencias políticas, ninguna tendencia supera el 20%, y por tanto tendrán que construirse acuerdos para adelantar la tarea legislativa. Y a esto se suma que por primera vez quien quede en el segundo lugar en las elecciones para la Presidencia, ocupará una curul en el Senado, y su fórmula vicepresidencial en la Cámara de Representantes, así como la aplicación del estatuto de oposición, que obligará a los partidos decidir si serán de gobierno, de oposición o independientes.

Pero sin duda la mejor noticia para la democracia ha sido que tuvimos las primeras elecciones en seis décadas sin conflicto armado. El proceso de paz con las Farc y la decisión del ELN de mantener un cese unilateral para los días previos a las elecciones, permitieron que la ciudadanía se acercara a las urnas a ejercer su derecho al voto sin el temor y sin la interferencia de grupos guerrilleros, lo que hacía más de 50 años que no sucedía. Sin embargo, durante el proceso preelectoral se presentó un incremento de agresiones contra líderes sociales, en una proporción mucho mayor a los atentados contra líderes políticos, el informe de factores de riesgo publicado por la MOE llama la atención sobre este tema1.

En las pasadas elecciones se hicieron también evidentes algunas graves e históricas falencias en materia de garantía de los derechos políticos:

1. Un sistema electoral muy vulnerable a la corrupción y al fraude, por la carencia de autonomía e independencia de las autoridades electorales y sobre todo por la incapacidad de controlar, y menos impedir, que se violen las reglas electorales, el caso más evidente ha sido la financiación descontrolada en estas elecciones.

2. La Registraduría improvisó y generó preocupantes riesgos en el manejo que le dio a las consultas interpartidistas. No solo por la falta de tarjetones en unos pocos puestos y mesas de votación, lo que causó malestar e incluso se llegaron a presentar pequeñas asonadas, sino principalmente por el tema del registro de los votantes de cada una de las consultas en los formularios E-11. No se pudo entonces nivelar las urnas utilizadas para los tarjetones de las consultas, se afectó el carácter secreto del voto y quedó un registro separado de votantes que puede ser usado y poner en riesgo a los ciudadanos en ciertas regiones del país, vulnerándose además el habeas data en la medida que no medio una autorización para tal tratamiento de la información. Tan grave ha sido este hecho que esta semana la Procuraduría General de la Nación ha pedido la destrucción de los formularios E-11 utilizados en las consultas porque con ellos se estaría violando el sigilo del voto. Habrá que hacerle seguimiento al cumplimiento de esto por parte de la Registraduría.

3. El ambiente político, como hacía mucho no sucedía, llegó a niveles muy altos y preocupantes de tensión luego del uso extendido de discursos y expresiones de odio, de la agitación del miedo como estrategia política, del uso de propaganda e información falsa y del saboteo y boicot a varios eventos públicos proselitistas. Lo que incitó a que desde muchos lados se propusiera un pacto para detener estas prácticas antes de que se desaten hechos de violencia política.

4. La primera experiencia de participación electoral del partido político surgido del proceso de paz con las Farc, ha estado signada por el asesinado de 50 de sus integrantes recientemente reintegrados, el saboteo y agresiones programadas por sectores que rechazan su presencia en la vida política, y el incumplimiento del Estado en materia de los recursos para la realización de la campaña política.

5. Lo más preocupante, es que pervive en el Congreso un grupo significativo de personajes políticos investigados y otro grupo cuestionado por sus cercanías y parentesco con políticos condenados por diversos delitos. Según un informe de la Fundación Paz y Reconciliación, de los 70 candidatos cuestionados, sólo 28 se quemaron. Es decir, 42 de estos candidatos con deudas con la justicia y cuestionamientos por corrupción fueron elegidos y serán parte del Congreso.

Los pocos pasos que dimos en la dirección de fortalecer el sistema democrático, mayor participación, autonomía relativa del congreso frente al ejecutivo, y la reducción de la violencia en la política; se ven opacados por la alta vulnerabilidad del sistema electoral al fraude y la corrupción, la restricción de las libertades políticas por la generación de un ambiente de gran hostilidad, y la persistencia de políticos envueltos en prácticas ilegales en las instituciones de representación política. Todavía nos faltan 2 meses para las elecciones presidenciales, en este tiempo necesitaremos fortalecer todas las campañas pedagógicas para generar una mayor y mejor participación política en Colombia.

Disminución en todos los factores de riesgo electoral registra la MOE para elecciones 2018. https://moe.org.co/mapa-riesgo-electoral-2018/

José Luciano Sanín Vásquez. Director Corporación Viva la Ciudadanía