[INFORME COYUNTURA] BARBARIE, INSENSATEZ Y APROVECHAMIENTO

Eran las 9:30 de la mañana del jueves 17 de enero cuando una vieja camioneta Nissan Patrol con 80 kilos de pentolita explotó en la Escuela de Cadetes de la Policía. Mato a 21 jóvenes de entre 17 y 21 años y dejó heridos a cerca de 80 aspirantes a policías. La joven ecuatoriana Érika Chicó, fue una de las víctimas del atentado. La situación hubiera podido ser aún más grave, pues el hecho ocurrió poco antes de que se llevara a cabo ceremonias de formación. En su angustia los jóvenes cadetes no comprendían como en el corazón de su escuela de formación, donde se preparan 900 jóvenes para convertirse en oficiales de la policía y, que supuestamente está rodeada de altas medidas se seguridad, habían sido masacrados sus compañeros.

“El conductor entró tranquilamente por una puerta abierta cuyo dispositivo de cierre esta averiado1. Solo esquivó un cono de tránsito, único obstáculo que había, y pasó por el lado de un auxiliar solitario sin entrenamiento en vigilancia o Inteligencia. El vehículo dio la vuelta completa en la Escuela por sus vías internas y, solo al final del trayecto, un uniformado lo inquirió porque se dirigía a una salida clausurada. El hombre retrocedió y, pocos segundos después, explotó el artefacto”2. El Ministro de Defensa y los oficiales de la Escuela, trataron de montar una película, sobre las peripecias que había tenido que sortear el conductor que también quedo totalmente aniquilado. Las cámaras al exterior e interior de la Escuela, los refutaron plenamente.

El Fiscal General, el Sr. Néstor Humberto Martínez, un par de horas después de la catástrofe, se presentó ante los medios de comunicación, junto a Ministro de Defensa y al Alcalde de Bogotá. En su alocución el Fiscal identificó al conductor del vehículo, José Aldemar Rojas y lo sindicó de pertenecer al ELN, colocando como primera línea de investigación la autoría de ésta agrupación guerrillera. Ante el inmenso descredito que tiene el Fiscal, sus palabras no generaron más que dudas. Se comenzaron a barajar varias hipótesis, entre las más consistentes se dijo que el atentando tenía todos los tintes para haber sido fraguado por la extrema derecha. El evento se había realizado a pocas horas de unas marchas programadas contra el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) y en medio del rechazo al Fiscal frente al caso Odebrech y el manejo que le estaba dando a este y otros casos, cuando debía haberse mostrado impedido, no solo ahora, sino también en el momento de su nombramiento, por los intereses que tenían sus clientes a quienes prestaba sus servicios como abogado. Pareciera que se le estaba haciendo un favor al Uribismo, que tiene como piedra en el hígado el rechazo a los acuerdos de paz y no desaprovecha oportunidad para hacerles la guerra, y está totalmente comprometido en acabar la posibilidad de una negociación política con el ELN. De hecho el ex presidente Uribe en sus primeras declaraciones señaló “la bomba era consecuencia del proceso de paz”. En medio del caos y la muerte de los jóvenes cadetes, es triste decirlo pero bien lo resume el columnista José Fernando Isaza: “El gran beneficiario es el líder del Centro Democrático, para quien la existencia de una guerrilla actuante es su mejor argumento político y electoral”3

Por: Dr. Jaime H. Díaz A.