Diagnósticos propios del agua, herramientas para la protección y defensa del territorio

En el marco del acompañamiento que realiza la Corporación PODION desde  la Escuela Socioambiental al proceso de la Minga Indígena de Resistencia por el agua, la vida y el territorio del pueblo Pijao en Ortega – Tolima, se viene realizando la identificación y el mapeo de algunos ojos de agua en las veredas del municipio. Este ejercicio, surge como iniciativa de una de las lideresas de la comunidad y se establece como una herramienta de protección y defensa territorial en el ejercicio de la autonomía y gobierno propio de los pueblos indígenas.

Caminar el territorio, hablar con sus abuelas y abuelos, conocer su historia, recordarlo antes de la llegada de las empresas petroleras, rememorar con nostalgia su agrobiodiversidad de antaño, ha sido parte de los recorridos que con caminatas de días enteros bajo el sol radiante en las tierras bajas del Tolima, esto ha permitido reafirmar las profundas afectaciones dadas por la actividad petrolera en la zona pero al mismo tiempo reconocer, aún hoy después de más de 60 años de explotación, su gran abundancia y belleza.

Los ojos de agua, como lo denominan las comunidades de este territorio a los brotes de agua o nacederos, han sido uno de los más afectados por la actividad petrolera. Cuentan los habitantes que antes de la sísmica realizada para explorar el subsuelo, los ojos de agua eran abundantes y proveían del líquido vital a las familias cuando no se contaban con los acueductos comunitarios.

Estos nacederos no solo dotaban de agua a las familias, sino que además se constituían en espacios de socialización y construcción de relaciones comunitarias. Allí iban a lavar, a bañarse, a recoger el agua para beber, para las labores domésticas, para los cultivos y los animales; así mismo, se hacían algunas bebidas tradicionales como la chicha y también, era lugar de encuentro de los mayores de las comunidades. Pese a su importancia, la mayoría de estos han desaparecido o han disminuido su caudal por la producción petrolera en el municipio de Ortega, especialmente por la actividad sísmica.

La sísmica es un método de exploración basado en la generación de ondas propagadas en el subsuelo para obtener una “radiografía” de este y así localizar los yacimientos de hidrocarburos. A pesar de sus fuertes impactos no requiere licencia ambiental por considerarse, según la normatividad ambiental del país, una actividad inofensiva. Sin embargo y de acuerdo con las denuncias de las comunidades, documentaciones de otros casos y evidencias en diferentes territorios donde se ha realizado, las detonaciones provocadas en la sísmica generan múltiples impactos, la mayoría no evidenciables inmediatamente, como desestabilización del suelo y deslizamientos, agrietamiento en la infraestructura, desplazamiento de la fauna nativa, profundización y agotamiento de las fuentes superficiales de agua.

Por lo anterior, los diagnósticos propios  se convierten  en instrumentos poderosos, no solo como ejercicios de monitoreo ambiental comunitario para controvertir la información tendenciosa de las empresas y así seguir denunciando los impactos negativos del extractivismo, sino también para apropiarse y proteger lo que aún queda, así como exigir la restauración de los impactos ocasionados. Esta actividad se presenta también como una oportunidad para reflexionar sobre las capacidades que como proceso organizativo se tienen para emprender acciones de restauración de ecosistemas de vital importancia para las comunidades.

 

Por: Ana Carolina Ocho

Asesora de las escuelas socioambientales de PODION