Construcción de paz y elecciones

La Justicia y la Paz se besan/…/

Va delante de su faz la justicia, y la paz seguirá sus pasos.

(Salmo 85, 11 y 14)

 

Las injusticias sociales, económicas y políticas han alimentado la violencia y el conflicto armado en Colombia. La construcción de una paz estable y duradera pasa obligatoriamente por la conquista de un país más equitativo y justo.

No podemos olvidar que el nuestro es el país con mayor inequidad en América del Sur, donde la concentración de la tierra está en manos de latifundistas que en un alto porcentaje no logran explicar cómo la obtuvieron, aunque los poseedores y sus defensores digan que son ocupantes de buena fe. En cifras, según el reciente censo agropecuario[1], el 1 por ciento de las explotaciones más grandes acaparan más del 80 por ciento de las tierras rurales. En relación a la propiedad, las cifras son también alarmantes: en el 43 por ciento de las unidades productivas de más de 2.000 hectáreas no se conoce de qué forma sus propietarios la obtuvieron. Pero, además, los latifundistas y sus voceros en el Congreso se han opuesto a la realización de un catastro que obligue a pagar los impuestos correspondientes al volumen de tierra que poseen. Cancelan impuestos irrisorios.

El abandono del Estado

La mayor pobreza e inequidad en el país se encuentra en las zonas rurales, que son, a la vez, las que han vivido con mayor rigor la violencia y el conflicto armado.

El abandono y la ausencia social del Estado en inmensos territorios del país mantienen con inmensas carencias a sus habitantes en salud, educación, seguridad, vías. Esta situación propicia en muchos casos el ingreso de economías mafiosas, como las del narcotráfico, aumentando la espiral de  violencia,  ilegalidad y  zozobra de sus habitantes. Las diferencias pretenden ser resueltas por la vía armada, no por la razón, el dialogo y los acuerdos. Existe una negación del otro.

“Emprender acciones de construcción de paz, requiere conocer las raíces de las injusticias, las violencias y conflictos, para atacar sus causas”

En los acuerdos establecidos entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las FARC se propusieron medidas adecuadas, aunque insuficientes, para un desarrollo rural integral. Lamentablemente, ante la pérdida del plebiscito, y el acordado tránsito por el Congreso, se aminoraron todavía más los acuerdos logrados. Sin embargo, de cumplirse lo ahora establecido, se estará avanzando en un mejor vivir para los habitantes del campo. Las medidas en lo que tiene que ver con el Desarrollo Rural Integral deben ser complementadas con la del tratamiento a los cultivos de uso ilícito, brindando a los campesinos empujados a cultivarlos a tener alternativas reales para su desarrollo en el marco de la ley y la justicia.

 

Reconstruir el tejido social

El diálogo y los acuerdos entre Gobierno y FARC contribuyeron, sin duda a bajar, la tasa de homicidios en el país. En el 2017 la tasa fue de 24  por cada 100 mil habitantes: la más baja en 30 años. En el año 2.000 el número de homicidios fue de 25.000. Hoy es de menos de 12.000. No cabe duda que la reducción de homicidios va a contribuir a tener una mentalidad distinta frente al valor de la vida y al respeto del otro. Se deben emprender políticas y acciones de pedagogía de convivencia, resolución pacífica de conflictos y reconstrucción del tejido social, a todos los niveles y para todas las edades.

Son necesarios programas que tengan como  centro a los jóvenes y estén enfocados a la prevención. Así se evitará su vinculación a pandillas juveniles que pululan en los barrios populares. Programas lúdicos, donde este presente la música, la danza, el teatro y los deportes seguramente ayudarán a los procesos pedagógicos de y con los jóvenes.

La atención psicosocial a las víctimas es también una área a tenerse en cuenta, dada las  afectaciones que han sufrido. No siempre es fácil su acceso a este tipo de programas, que, además, no tienen la suficiente oferta.

La verdad sanadora

Se ha nombrado una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), que busca que los colombianos, frente al espejo del dolor causado y padecido, a la violencia ejercida y sufrida, a la negación del otro, entremos en una fase de justicia, sanación y resiliencia. Los ciudadanos debemos tener claro que avanzar en la construcción de la verdad es asunto inaplazable y sanador.  

“Desalojar el odio de las personas es una tarea delicada y progresiva

En este sentido, se hacen necesarias terapias y pedagogías individuales y colectivas. La polarización entre buenos y malos, entre los que tienen la razón y quienes no la tienen, no ayudará a curar el alma nacional; profundizará las divisiones y las luchas intestinas. No podemos graduar de enemigo al que no piensa como nosotros; es un otro con una visión diferente y seguramente con otras actitudes, que tal vez deben transformarse, como también nosotros siempre debemos estar en proceso de cambio. Escuchar al otro va a permitir el dialogo y la construcción conjunta, aceptando las diferencias, teniendo como principios rectores la justicia y la equidad. Escuchar y dialogar no quiere decir permitir que la injusticia y la miseria continúen. Reconciliación no es igual a conciliación con la injusticia y la opresión.

No se puede retroceder

Jugar nuevamente a escenarios de guerra, como están planteando personas inescrupulosas amparadas en la mentira y la desinformación, no es aceptable. Mayor información y pedagogía sobre las bondades de procesos de construcción de paz deberán mostrar que se trabaja por un país distinto y como diría el slogan del Foro Social Mundial, que “otro país es posible”.

En las elecciones de Congreso y Presidencia, en este primer semestre del año, tendremos la oportunidad de avanzar en consolidar ese país que nos empeñamos en labrar. No será  fácil, porque los intereses mezquinos, la privatización de lo público, el clientelismo y los esfuerzos por mantener el statu quo injusto también tienen una apuesta  fuerte y cuentan con el miedo a transformaciones necesarias y estructurales. Sin embargo, con nuestro voto y el de las personas que podamos convencer, señalando que trabajar por la paz y la concordia es más rentable que trabajar por el odio y la guerra, seremos más. Vayamos a los abstencionistas con palabras de esperanza y de futuro para que inclinen la balanza por la justicia y la paz, votando por personas honestas, defensoras del medio ambiente y de la construcción de paz con justicia social. Votemos copiosamente.

Jaime H. Díaz A. PhD.

Corporación PODION

Bogotá, Marzo 4 de 2018

 

[1] Tercer Censo Nacional Agropecuario realizado en el 2014. Por su complejidad el mayor ejercicio estadístico a nivel nacional en la historia del DANE.