Barbarie, insensatez y aprovechamiento

Eran las 9:30 de la mañana del jueves 17 de febrero cuando una vieja camioneta Nissan Patrol con 80 kilos de pentolita explotó en la Escuela de Cadetes de la Policía. Mato a 21 jóvenes de entre 17 y 21 años y dejó heridos a cerca de 80 aspirantes a policías. La joven ecuatoriana Érika Chicó, fue una de las víctimas del atentado. La situación hubiera podido ser aún más grave, pues el hecho ocurrió poco antes de que se llevara a cabo ceremonias de formación. En su angustia los jóvenes cadetes no comprendían como en el corazón de su escuela de formación, donde se preparan 900 jóvenes para convertirse en oficiales de la policía y, que supuestamente está rodeada de altas medidas se seguridad, habían sido masacrados sus compañeros.

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