Defensa
del Ambiente, Permanencia y Pervivencia del Territorio

La defensa del territorio y del ambiente debe tener como eje central la lucha por la defensa de nuestra Casa Común, es decir, propender por el cuidado, la conservación y recuperación de los bosques, fauna silvestre, páramos, ríos, cascadas, lagunas, océanos, nevados, desiertos, en resumen, juntar esfuerzos colectivos que nos permitan proteger nuestra biodiversidad de los diferentes riesgos y amenazas a los que se encuentran expuestos nuestros territorios y por consiguiente, la permanencia y pervivencia en ellos.

Los pueblos indígenas nos han venido enseñando que el concepto del territorio rebasa totalmente el concepto mercantilista de la tierra para uso, abuso, compra y venta que se tiene en el mundo capitalista, con la grave consecuencia del cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, las sequías y las hambrunas que produce.

Este concepto nos lleva a un profundo respeto por la naturaleza, en donde el género humano forma parte de ella, conviviendo en ella de manera responsable. Hoy, después de la Encíclica del papa Francisco, Laudato Si´, ha florecido el concepto de la Casa Común, el oikos de todos. Una casa habitada no solo por los presentes, sino también preñada de los que nos antecedieron y que habitarán los que nos sigan. He aquí nuestra responsabilidad con las futuras generaciones.

De acuerdo a lo anterior, los y las integrantes de la Red Nacional En Democracia y Paz (RNDP) que pertenecemos a diferentes regiones de Colombia, en donde la riqueza natural es el centro de la vida, estableceremos articulaciones con  diferentes actores sociales e institucionales para promover la defensa del territorio alrededor de la naturaleza, por eso consideramos de gran importancia identificar los diferentes conflictos ambientales que ocurren o pueden ocurrir y asimismo realizar actividades de concientización, sensibilización y acción para que nosotros y cada vez un más amplio número de personas y comunidades protejamos y defendamos la Casa Común.

El modelo social y económico actual centra sus actividades en la explotación de la naturaleza con el propósito de extraer minerales para la producción de bienes materiales poniendo en riesgo las dinámicas ambientales de los territorios, su permanencia y pervivencia. Vivimos en una sociedad de consumo que centra la vida en la compra de objetos muchas veces inútiles y accesorios que generan despilfarro y afectan negativamente la naturaleza y con ella la vida humana. El exceso de consumo de combustibles fósiles, la mala disposición de las basuras, la tala de bosques, la cacería de animales silvestres, la contaminación de las fuentes hídricas, el uso de pesticidas, el mal uso del agua, entre otras acciones, perjudican al ambiente.

Bajo la contextualización y conceptualización anterior, se entiende entonces que existe un sin número de actividades individuales y colectivas que afectan de manera dramática la biodiversidad y pone en riesgo nuestra Casa Común. Estos riesgos y amenazas generalmente vienen acompañados de la palabra “desarrollo” como la idea errónea de avanzar, de continuar acelerando y creciendo la economía.

A continuación, enumeramos los casos más recurrentes que impactan negativamente nuestros territorios:

  • La exploración y extracción de minerales e hidrocarburos.
  • La deforestación para la ampliación de frontera agropecuaria.
  • La contaminación de fuentes hídricas.
  • Los proyectos de fracturación hidráulica para la extracción de petróleo (fracking)
  • La contaminación del aire y las fuentes hídricas con pesticidas, fungicidas y actualmente el glifosato.
  • La captación y explotación de fuentes hídricas para la implementación de proyectos hidroeléctricos al servicio generalmente de empresas mineras.
  • La propiedad y usufructo de la tierra en manos de unos pocos como un nudo de problematización y exclusión.
  • El conflicto armado y la violencia, como problematizadores en escenarios de defensa de los territorios.
  • El encuentro entre actores distintos sobre los mismos territorios, bajo relaciones de tensión, explotación, apropiación y defensa.

Lo anterior evidencia un escenario de riesgo para la vida en general, pero también un reto y oportunidad para que los miembros de la RNDP articulemos esfuerzos y métodos para defender los territorios y el ambiente en Colombia a través de acciones como:

  • El empoderamiento y formación de comunidades comprometidas con la defensa de sus territorios, bajo los enfoques de derechos, territorio y género.
  • La incidencia en el escenario político para la planificación y el ordenamiento territorial, desde espacios locales que conduzcan a un escalonamiento nacional.
  • El desarrollo de rutas de incidencia y procesos de lobby en escenarios de toma de decisiones, sobre la protección ambiental a nivel nacional, promoviendo los derechos ambientales y el fin de los ecocidios.
  • El desarrollar acciones de articulación nacional que exija y garantice los derechos ambientales.
  • El generar acciones entorno al cambio climático, la lucha extractivista y sumar discusiones alrededor de los efectos de la pandemia.
  • Generar espacios de discusión nacional sobre la apuesta de la línea “Defensa del ambiente, permanencia y pervivencia del territorio” como oportunidad para reflexionar y acordar apuestas en común.
  • Promover desde la institucionalidad políticas públicas que tengan por objetivo la conservación, el cuidado y recuperación de la naturaleza.

En conclusión, la línea de Defensa del ambiente, permanencia y pervivencia del territorio tiene como propósito fundamental la defensa del territorio, el agua y la vida en todas sus manifestaciones para la permanencia y pervivencia de la Casa Común, de la que somos huéspedes temporales.

 

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