APRENDIENDO A HACER NUESTROS PLANES DE VIDA COMUNITARIOS

Por: Patricia Veloza Torres. Corporación Podion, nodo centro sur 

En el municipio de Gachantivá, Boyacá, el pasado mes de agosto se llevó a cabo un encuentro de procesos comunitarios con el fin de compartir la metodología de planeación comunitaria denominada planes de vida, la cual ha sido un instrumento de planificación participativo utilizado para ayudar a autodiagnosticar y orientar el futuro de las comunidades. En este espacio confluimos habitantes urbanos, urbano-rurales, campesinos e indígenas provenientes de experiencias organizativas y de resistencia a proyectos que amenazan la vida en nuestros territorios.

El Movimiento Cívico por el Agua y por la Vida de Gachantivá, un grupo de personas que por amor a la naturaleza y a la vida en el campo han emprendido un proceso de defensa territorial frente a proyectos mineros en la región, con apoyo de la Corporación Podion, impulsaron la idea de convocar a distintas organizaciones para reflexionar conjuntamente sobre la importancia y necesidad de hacer un alto en el camino y pensar hacia dónde van los proyectos de vida personal, familiares y comunitarios, inspirados en las experiencias que han tenido con estos distintas comunidades indígenas y campesinas de Colombia y Latinoamérica, algunas de las cuales ha acompañado en su realización Deyanet Garzón, la facilitadora de este taller, quien se encuentra dedicada a la bella labor de ayudar a las comunidades de diferentes países a afianzar su camino de autoreconocimiento y empoderamiento a través de esta herramienta abierta que no excluye género, edad ni nivel educativo: LOS PLANES DE VIDA.

Desde la Reserva Natural de la Sociedad Civil Cochahuaira, idea y obra de integrantes del Movimiento Cívico de Gachantivá, se nos abrieron las puertas para vivir esta experiencia, donde aprendimos que desarrollar un plan de vida en diferentes escalas pasa por entender la crisis relacional que existe hoy fruto de la idealización de la separación propuesta por la modernidad (mente-espíritu, mente-cuerpo, razón-emoción, entre otras), la cual se refleja en la crisis ambiental que se estamos viviendo y que parte precisamente en la forma en como los humanos nos estamos relacionando con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno. Así, desde la Ecología profunda, la psicología, la experiencia de la facilitadora y de cada participante, en los tres días que estuvimos allí reunidos buscamos cómo reconocer en nosotras y nosotros mismos la manera en que se ha expresado esa crisis relacional -o vivencia en escasez-, en lo personal, lo familiar y en cada una de nuestras comunidades, para poder develar que el Buen Vivir -como llamarían algunas comunidades indígenas- se da cuando decidimos y trabajamos por vivir en la abundancia y sanar desde dentro, buscando la integralidad y en ultimas, la vivencia del amor, el cual se expresa en el cuidado a sí mismos, a los demás y a la naturaleza.

El plan de vida personal:

Algunos de los aspectos tratados para la elaboración del plan de vida personal fueron: El reconocimiento de la relación con el propio cuerpo, desde donde se desataron toda una serie de reflexiones sobre los hábitos que tenemos, sobre lo que comemos, sobre cómo sembramos (si contaminamos el agua, la tierra y el aire utilizando agroquímicos, etc.) sobre si hacemos ejercicio, si tenemos una buena postura, si respetamos nuestro tiempo de sueño, en general, si cuidamos de nosotros mismos y si no lo hacemos, develar que nos lleva a esos autosaboteos para vivir una vida mejor haciendo lo que está al alcance de nuestras manos.

Otro aspecto relacionado fue entender la importancia de nuestra salud emocional, cuidar de nuestro corazón y sentimientos, pues se evidenció como cada persona carga dolores y vacíos desde su pasado, muchos concernientes con sus relaciones familiares más próximas, es decir con su imagen paterna y materna, ese primer núcleo de donde aprendemos maneras determinadas de dar y recibir amor, – desde la confianza, la indiferencia o la agresividad, etc- lo cual nos construye una base emocional desde donde nos relacionamos con los otros y otras, reconociendo así que  somos seres humanos que aman-sienten, que no sólo piensan, resaltando la necesidad de no seguir sobrevalorando la capacidad intelectual sobre otras dimensiones humanas.

Así, iniciando con el reconocimiento de la abundancia de cada participante, es decir sus cualidades, valores y virtudes, pudimos entender que en muchas ocasiones a las personas se les facilita más ver la escases que la abundancia, pues cuando se pedía pensar en cómo somos en lo personal y lo familiar surgían de inmediato los defectos, lo que falta que y no lo que enriquece, lo cual es algo muy frecuente también en las comunidades, pues en la mayoría de las veces se parte de la dolencia y no de sus fortalezas, y esa es una visión que se refleja en muchos de los proyectos que llegan para las comunidades desde diferentes entidades. Al reconocer esto, vimos que existen diferentes dimensiones que hay que tener en cuenta para la elaboración de un plan de vida personal, entre ellas la física, la sentimental, la del pensamiento, la espiritual y la de uso de los dones materiales- como nos relacionamos con los elementos que nos permiten el desarrollo de la vida-, en cada una de ellas escribimos nuestras abundancia y escases, para posteriormente elaborar una serie de compromisos personales específicos de mejoramiento en cada aspecto, con fechas de ejecución a partir de acciones concretas.

Planes de vida familiares y comunitarios:

Los planes de vida familiares y comunitarios surgen desde el reconocimiento de la abundancia en la familia y en la comunidad – a partir de la realización de mandalas donde ponemos elementos que representen la identidad cultural, las tradiciones y la riqueza del territorio- de allí, se identifica que ámbitos quieren trabajarse conjuntamente, generándose una auto organización y un plan de trabajo conjunto. Por ejemplo, se puede identificar que parte de la abundancia de la comunidad está en sus cultivos tradicionales, sus ríos y su identidad campesina, pero dentro de la escasez, se encuentra que estos cultivos se están fumigando con agroquímicos, que hay una amenaza en la construcción de una represa en uno de los ríos más importantes de la región y que los jóvenes ya no se reconocen desde una identidad campesina.

Así, la comunidad puede escoger si empieza a trabajar sobre la abundancia o la escasez, o se dividen en grupos. En este último caso, el grupo de la abundancia decide cómo empezar a trabajar en el reconocimiento y conservación de estos bienes o valores imprescindibles para la vida, pueden por ejemplo, empezar a trabajar en la recuperación y cuidado de semillas ancestrales y desde allí, desencadenar un sinfín de procesos-encuentros-actividades, que involucren y comprometan a más personas de la comunidad con esta labor. En el caso del grupo que trabajará con la escases, este debe organizarse y pensar en que quiere saber sobre el origen y los efectos de lo que está afectando sus procesos y espacios vitales, en este ejemplo, empezarían a indagar sobre que son los agroquímicos, que son las represas y los efectos de la perdida de la identidad cultural, generando una dinámica propia de trabajo, a la cual le pondrán también fases, tareas y fechas. Un aspecto importante de esta metodología es que debe pensarse a manera de siembra y cosecha, siendo el día de la elaboración del plan- acuerdos y tareas- la siembra, la cual se va a cuidar constantemente para recoger la cosecha en los tiempos estipulados por ellos y ellas mismas. El día de la cosecha se hace una celebración, un festejo ofrecido por y para toda la comunidad, un espacio donde se muestran los frutos de su trabajo, grandes o pequeños, se retroalimenta la experiencia y se proyectan nuevas metas. De este modo, la comunidad está en el constante proceso de sembrar y recoger, desde un proceso orgánico que poco a poco va hilando a un proceso comunitario.

Reflexiones finales

En definitiva, pocos escenarios de formación para organizaciones y líderes comunitarios tocan tantos aspectos como paso en este encuentro, el cual, no sólo buscó tocar la mente sino fibras  muy profundas de nuestra existencia, ya que en este hubo espacio para la confrontación, el reconocimiento y la renovación de un compromiso de trabajo por unas nuevas prácticas y relaciones personales, familiares y comunitarias. Entendimos aquí que muchos de los cambios que anhelamos ver en el mundo pueden y deben partir de cada individuo y que poco a poco, esos cambios de mentalidad y en ultimas, de formas de vivir, por pequeños que parezcan se van irradiando al entorno, sin desconocer que existen una serie de condicionantes estructurales económicas, políticas y sociales, con las que debemos coexistir en la medida que avanzamos con nuestros planes de vida.

Así, reconociendo estas condiciones estructurales, la construcción de planes de vida nos llama a pensar en diferentes escalas, especialmente en el papel que tienen las prácticas económicas que se desarrollan desde lo local y en el reto inmenso que tenemos de construir un modelo económico que no se base en el valor del dinero sino en el valor del cuidado a los seres humanos y a la naturaleza (agua, suelo, arboles, semillas, etc), donde no sólo se vea al ser humano por lo productivo que pueda llegar a ser, sino verlo en su conjunto, rescatando la cultura y los valores propios de cada territorio, lo cual, se resumió para las organizaciones presentes que luchan a diario contra proyectos extractivos que: “Para una nueva economía, una ecología humana”.