De guerra y acuerdos humanitarios

De lo que se trata entonces no es solamente que cesen las agresiones armadas de todos los actores que se reanude el cese bilateral al fuego y que se continúe la negociación en Quito. Se trata de empezar a pagar la deuda social que la sociedad colombiana y el Estado tienen con la población del Chocó

Un muy reconocido trabajador por la paz durante muchos años cuando le dije esta mañana que el ELN no escuchaba, me respondió que si escucha pero no hace caso y me preguntó, ¿si tu no les haces caso a ellos, porqué tendrían que hacerte caso a ti?

La pregunta tuvo una respuesta inmediata que no es mía, la tomé prestada de los líderes y lideresas del Chocó y que sustenta su exigencia de ¡Acuerdo Humanitario Ya!.. Que ni yo ni ellos nos hemos comprometido a hacerle caso al ELN, pero el ELN si se ha comprometido y lo repite públicamente una y otra vez a “hacerle caso” a la sociedad civil y en particular a los sectores populares. Pues de eso se trata, entre otras cosas, el Acuerdo Humanitario Ya, propuesta construida por las organizaciones étnicas del Chocó, (FISCH, la Mesa de Concertación Indígena), la Red Chocoana de Mujeres, la Diócesis de Quibdó, la Pastoral Social y que ha tenido el acompañamiento y soporte de la comunidad internacional. De que el ELN les haga caso.

Se trata de una propuesta que busca hacer frente a la gravísima crisis humanitaria que vive ese territorio como consecuencia de los enfrentamientos entre el ELN, los paramilitares y los demás actores ilegales generadores de violencia y la Fuerza Pública, de las agresiones directas a líderes sociales y autoridades étnicas y de la disputa del control del territorio y de sus rentas legales e ilegales.

El panorama de cada día es el de desplazamientos forzados, confinamientos, restricciones de la libre movilidad en el territorio, tortura, asesinatos, amenazas a líderes y lideresas, secuestros, violencia basada en género, desaparición forzada, contaminación por armas (minas antipersona, munición sin explotar), reclutamiento y utilización de Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes, entre otros y desde la no prorroga del Cese al fuego Bilateral, también los bombardeos. Es de tal magnitud la crisis humanitaria que para algunas comunidades la guerra no solo nunca terminó sino que hoy representa una realidad más dura, más angustiante, entre otras razones porque el territorio está en disputa.

Pero el grito de acuerdo humanitario ¡ya!, no se dirige solo al ELN, también al Estado que es responsable por acción u omisión de las graves violaciones a los Derechos Humanos y las Infracciones al DIH que ocurren en ese territorio en el que además tiene precaria presencia y la que tiene es principalmente armada.

Por ello para estas comunidades es, si cabe, mucho más grave la no prorroga del Cese Bilateral entre el gobierno y el ELN que para el resto de la población colombiana. La evidente debilidad institucional, la tradición de expoliación de los recursos públicos por parte de la dirigencia política del departamento, las condiciones de pobreza y exclusión, (Chocó, por ejemplo, es el departamento del país con el mayor porcentaje de personas en situación de pobreza (62,8%) y de pobreza extrema (37,1%), la región con el mayor índice de Necesidades Básicas Insatisfechas del país con el 79,1% de la población afectada, cuando el promedio nacional es del 27,7%, la tasa de mortalidad infantil asociada a la desnutrición, es de 35 de cada 100.000 menores de 5 años, la tasa de analfabetismo es del 20,9%, dos veces y medio mayor que el índice nacional, y la asistencia escolar es solo del 58 por ciento.

De lo que se trata entonces no es solamente que cesen las agresiones armadas de todos los actores que se reanude el cese bilateral al fuego y que se continúe la negociación en Quito. Se trata de empezar a pagar la deuda social que la sociedad colombiana y el Estado tienen con la población del Chocó. Lo que además serviría para crear condiciones que lleven a que los chocoanos se liberen del sometimiento a las castas políticas corruptas e insensibles que les han gobernado.

Por: Antonio Madariaga Reales. Corporación Viva la Ciudadanía

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